Hace diez años nuestro país logró debatir en el Congreso el proyecto de ley de matrimonio igualitario.

Esta discusión parlamentaria implicó un avance de la sociedad por el simple hecho de escuchar el reclamo de un derecho para quienes eligen compartir su vida con personas del mismo sexo.

Ni más ni menos que el mismo derecho de quienes toman la misma decisión, pero con alguien del sexo opuesto.

Galeano recuerda esta fecha en su capítulo “Y un siglo después”.

En estos días del año 2010, se abrió en Buenos Aires el debate sobre el proyecto de legalización del matrimonio homosexual.

Sus enemigos lanzaron la guerra de Dios contra las bodas del Infierno, pero el proyecto fue venciendo obstáculos, a lo largo de un camino espinoso, hasta que el 15 de julio Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano que reconoció la plena igualdad de todas y de todos en el arcoíris de la diversidad sexual.

Fue una derrota de la hipocresía dominante, que invita a vivir obedeciendo y a morir mintiendo, y fue una derrota de la Santa Inquisición, que cambia de nombre pero siempre tiene leña para la hoguera.