El martes 11 de septiembre de 1888 dejaba de esta vida y comenzaba a permanecer para siempre uno de los personajes más fantásticos y complejos de la historia argentina: Domingo Faustino Sarmiento.

“Por ver grande a tu patria, tú luchaste
Con la espada, con la pluma y la palabra”

Esas estrofas del himno dedicado al sanjuanino resumen su complejidad: por un lado su honestidad intelectual de decir lo que pensaba y de asentar la utilización de viáticos en asuntos de índole íntimas.

La civilización y barbarie que acompaña el título de su Facundo, continúa vigente y aggiornada en estos días, como uno de los problemas principales de nuestra Argentina.

Así como es cuestionable su “no trate de economizar sangre de gaucho. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes hasta la profundización del plan educativo implementado por Manuel Belgrano. Todo eso es Sarmiento. Y más.