Lejos de las luces de un salón, los 15 años recibieron este lunes a Karen con la luz incesante de su familia cuando la tarde daba lugar a una nueva noche cerrense.

No hubo necesidad de un colorido descomunal ni globos por doquier, porque bastó con el abrazo de sus amigas y el afecto de quienes izaron una bandera con su nombre para acompañarla en ese día tan especial que tiene cada mujer en su vida.

La sorpresa tuvo lugar en su casa, a la cual llegó con los ojos vendados, a paso cansino con la compañía de dos amigas.

Al correrse el velo, el silencio se apoderó de sus ojos que sólo se dedicaron a contemplar el sonido de las guitarras, las palmas de los allí presentes y ese festejo ínfimo que ella correspondió con una tenue y simple sonrisa.

Canciones, fotos, grabaciones y la calidez de la noche, con un viente leve, para acariciar de felicidad las mejillas de esta jovencita.

Tal vez un día deseado, un sueño o una ilusión como primer paso para empezar a descubrir la vida o plantearla de distintos modos, a través de los diversos mundo que ronden en los pensamientos de Karen.