En esta mañana del año 2010, Mohamed Bouazizi venía arrastrando, como todos los días, su carrito de frutas y verduras en algún lugar de Túnez.

Como todos los días, llegaron los policías, a cobrar el peaje por ellos inventando.

Pero esta mañana, Mohamed no pagó.

Los policías lo golpearon, le volcaron el carrito y pisotearon las frutas y verduras desparramadas en el suelo.

Entonces Mohamed se regó con gasolina, de la cabeza a  los pies, y se prendió fuego.

Y esa fogata chiquita, no más alta que cualquier vendedor callejero, alcanzó en pocos días el tamaño de todo el mundo árabe, incendiado por la gente harta de ser nadie.

Eduardo Galeano – Los hijos de los días.