La imagen que ilustra esta efeméride es elocuente: “Valientes, ya somos. Queremos ser libres”; “Si no luchas no te escuchan”.

Consignas del siglo XXI, donde se profundiza el reclamo de la mujer por más derechos y mayor equidad social.

Un antecedente de estas consignas es Tomasa Surita. Su historia, en el tramo final del siglo XVIII, fue recordada por Eduardo Galeano un 17 de junio:

En 1782, la justicia de la ciudad de Quito sentenció que Tomasa Surita estaba obligada a pagar los impuestos correspondientes a unas telas que había comprado en Guayaquil.

Sólo los varones tenían capacidad legal para comprar o vender.

Que le cobren a mi marido —dijo Tomasa—. La ley nos considera idiotas. Si las mujeres somos idiotas para cobrar, también somos idiotas para pagar.