Como si fuera un concepto prehistórico, la bicicleta hizo su aparición en la segunda mitad del siglo XIX bajo el nombre de velocípedo.

“Lo conducían casi exclusivamente jóvenes intrépidos, subidos arriba de la inmensa rueda que amenazaba con expulsarlos hacia adelante ante el menor obstáculo”, recuerdan las crónicas.

Sin embargo una tal Angeline Allen, en 1893, transitó en bicicleta en las afueras de Nueva York. “Usó pantalones”, se escandalizó algún medio gráfico de la época.

Las crónicas agregan: “Las mentes conservadoras expresaron su preocupación: temían que la inmodesta bicicleta diese lugar a la masturbación e incluso a las prostitución. También abortos y esterilidad”.

Las chicas se podían liberar de toda esa indumentaria que funcionaba a modo de cota de malla y utilizar prendas más livianas para disfrutar de un paseo.

La activista Susan Anthony no lo dudó. Y declaró, según recuerda Galeano en su 19 de junio, que “la bicicleta ha hecho más que nada y más que nadie por la emancipación de las mujeres en el mundo”.