La historia nacional cuenta que tras la masacre perpetrada por el ejército argentino en la Patagonia, el bando que trasladó la “civilización” al sur el río Colorado tomó como botín de guerra no sólo la tierra sino también a las comunidades mapuches y tehuelches.

Menores y mujeres, muchos de ellos luego de caminar desde Choele Choel hasta Carmen de Patagones, llegaron a Buenos Aires para trabajar en la casas de la “gente de bien”.

El personaje Patoruzú, que acompañó la infancia y adolescencia de varias generaciones, no fue la excepción.

El viernes 19 de octubre arriba a plaza Constitución en el ferrocarril Roca  Curugua- curuguaguigua, quien atentamente,al bajar de la formación, saludó a don Gil Contento quien, amablemente, adoptó a este cacique Tehuelche.

“¡Guagua pirague!, ¿vos sos meu mentor, chei?. Curugua- curuguaguigua te saluda”.
“¡Por fin llegaste Patoruzú! Te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas”.

Este diálogo, recordado por el periodista Gerardo Cadierno, quien agrega:

“En esa primera aparición de sólo 17 viñetas, ya se ven algunos de los rasgos de su idiosincrasia (de Patoruzú): noble, confiado con un matiz ingenuo, generoso. El indio se aparece con una bolsa de monedas de oro que, según don Gil, “no sirven para nada”, aunque, finalmente, la estafa del porteño avivado no llegará a consumarse y el fracasado estafador se lamenta de que esa fortuna esté en manos de un ignorante al que debió enseñarle modales, cómo funciona la energía eléctrica y para qué sirve el transporte público”.

Patoruzú, fue ganando terreno en el criterio del dibujante Dante Quinterno, y 8 años se transformaría en el personaje principal de la historieta que perduró hasta abril de 1977.

“Patriotas importados, nativos sin orejas” y “en esta tierra sos extranjero” denuncia Divididos en Huelgas de Amores, frases que aquel que visite la Patagoni pueden constatar a través de la historia y la realidad.