El viernes 2 de julio de 1520 las tropas invasoras al mando de Hernán Cortés asesinaron a centenares de indígenas de la comunidad de Calacoayan en el marco de la denominada “Campaña por la conquista de Méjico”.

Cortés ordenó además el saqueo e incendio del lugar de lo que hoy es la zona arqueológica de Calacoaya.

“Y cuando hubieron llegado a un sitio que se llama Calacoayan, en una cañada, un poco arriba, allí donde hay cercas de piedra, mataron y apuñalaron los españoles a la gente. No les habían salido al frente las gentes de allí, los habitantes de Calacoayan: sin culpa suya fueron matados. En ellos desquitaron su ira, en ellos vaciaron su venganza”, recuerda el misionero franciscano Bernardino de Sahagún.

De esta manera, Cortés había devuelto el favor de ser asistido con agua y comida de un grupo antagónico a los calacoayenses, tras huir de Tenochtitlán y ser asediado por guerreros aztecas.