En este día de 1969, los diarios del mundo entero dedicaron su primera página a la foto del siglo: los astronautas habían caminado por la luna, a paso de oso, y habían marcado en ella las primeras huellas humanas.

Pero el principal protagonista de la hazaña no recibió la felicitación que merecía.

Werner von Braun había inventado y lanzado esa nave espacial.

Antes de emprender la conquista del espacio por cuenta de los Estados Unidos, Von Braun había llevado adelante la conquista de Europa por cuenta de Alemania.

Este ingeniero, oficial de las SS, era el científico preferido de Hitler.

Pero al día siguiente del fin de la guerra, supo pegar un prodigioso salto y cayó parado en la otra orilla de la mar. Instantáneamente se convirtió en patriota de su patria nueva, se hizo devoto de una secta evangélica de Texas, y puso manos a la obra en el laboratorio espacial.


Eduardo Galeano – Los hijos de los días- 21 de julio.