Desde 1998, cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial Sin Automóvil (DMSA), iniciativa que pretende generar una mayor conciencia ecológica en todo el mundo.

Esta propuesta comenzó a gestarse en la década del 70 , durante lo que se conoce como la crisis del petróleo, a fin de fomentar e incentivar el uso de alternativas que no dependieran de los combustibles.

Eduardo Galeano recuerda este día de la siguiente manera:

“Los ecologistas y otros irresponsables proponen que por un día, en el día de hoy, los automóviles desaparezcan del mundo. ¿Un día sin autos? ¿Y si el ejemplo se contagia y ese día pasa a ser todos los días?
Dios no lo quiera, y el Diablo tampoco.
Los hospitales y los cementerios perderían su más numerosa clientela.
Las calles se llenarían de ridículos ciclistas y patéticos peatones.
Los pulmones ya no podrían respirar el más sabroso de los venenos.
Las piernas, que se han olvidado de caminar, tropezarían con cualquier piedrita.
El silencio aturdiría los oídos.
Las autopistas serían deprimentes desiertos.
Las radios, las televisiones, las revistas y los periódicos perderían a sus más generosos anunciantes.
Los países petroleros quedarían condenados a la miseria.
El maíz y la caña de azúcar, ahora convertidos en comida de autos, regresarían al humilde plato humano”.