El domingo 23 de agosto de 1812 el pueblo de Jujuy emprendía un viaje de más de 300 kilómetro hacia Tucumán para acompañara la decisión estratégica de Manuel Belgrano de dificultarle el arribo a los realistas al actual noroeste argentino.

Las crónicas mencionan que “La orden de Belgrano era contundente. Había que dejarles a los godos la tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles“.

El querido Manuel había tomado la decisión el 29 de julio debido al inminente avance del ejército español desde el norte al mando de Juan Pío Tristán, un peruano y destacado enemigo al servicio de la fuerzas realistas.

Más allá del retrato dulzón que se brinda de Belgrano, al comunicarle esta propuesta el general no titubeó en aclarar “que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen”.

”No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intenciones”.

Como era de esperar, las clases dominantes no estuvieron de acuerdo; como era de esperar, el pueblo jujeño siente orgullo cada 23 de agosto por este acto patriótico.