El martes 25 de julio de 1995 dejaba esta tierra Osvaldo Pugliese, el notable pianista, compositor de tangos y director de orquesta.

Más allá de su talento, que sea material inevitable para los amantes de la música ciudadana y un artista ampliamente reconocido, su nombre se transformó en un sortilegio para momentos adversos.

Las crónicas cuentan que Charly García había retrasado el inicio de un show por problemas técnicos.

“El sonido no funcionaba bien, hasta que alguien del equipo intentó hacer una prueba con un disco del Maestro Pugliese. Todo empezó a mejorar y Charly dio su show. A partir de ahí, nació el mito de la buena suerte que traía invocar al músico.

No son pocos los artistas que pegan una de sus fotos en un rincón del camarín. Hasta tiene su propia estampita y oración:

Protégenos de todo aquel que no escucha. Ampáranos de la mufa de los que insisten con la patita de pollo nacional. Ayúdanos a entrar en la armonía e ilumínanos para que no sea la desgracia la única acción cooperativa. Llévanos con tu misterio hacia una pasión que no parta los huesos y no nos dejes en silencio mirando un bandoneón sobre una silla”.

Pugliese, Pugliese, Pugliese.