“En 1981, en un gesto de generosidad que honra su memoria, el General Augusto Pinochet vendió a precio de regalo los ríos, los lagos y las aguas subterráneas de Chile.

Algunas empresas mineras, como la suiza Xstrata, y empresas eléctricas como la española Endesa y la estadounidense AESGener, se hicieron dueñas, a perpetuidad, de los ríos más caudalosos de Chile. Endesa recibió una extensión de aguas equivalente al mapa de Bélgica.

Los campesinos y las comunidades indígenas han perdido el derecho al agua, condenados a comprarla, y desde entonces el desierto avanza, comiendo tierras fértiles, y se va vaciando de gente en el paisaje rural”.

Eduardo Galeano – Los hijo de los días.