El miércoles 5 de octubre de 1988 el pueblo chileno, a través del voto, comenzaba a cerrar una etapa de 15 años de dictadura a cargo del general Augusto Pinochet.

Ese día, el gobierno militar chileno convocó a un plebiscito para avalar o no la continuidad de Pinochet hasta el 11 de marzo de 1997.

El NO se impuso con el 56 por ciento de los votos. Un año después, regresó la democracia al país trasandino con Patricio Aylwin.

Los golpistas Pinochet y Videla estuvieron a punto de desatar una guerra en la que intermedió el por entonces papa Juan Pablo II; Pinochet brindó apoyo logístico a Margaret Thatcher en la guerra de Malvinas; Pinochet utilizó la censura, la violencia y la tortura contra los opositores y comandó asesinatos y desapariciones forzosas; Pinochet fue condecorado por Perón en 1974, en 1993 por Menem y en 1998 por Thatcher.

Tras ese acto en Londres, el juez español Baltazar Garzón, quien había investigado los hechos delictivos del general (genocidio, crímenes de lesa humanidad y terrorismo) ordenó su detención.

“Algo es algo”, dijo Joaquín Sabina en pleno recital cuando anotició al público de la muerte del dictador chileno el 10 de diciembre de 2006, el día de la democracia en nuestro país.