A cuatro días de cumplir 18 años, el sábado 8 de septiembre de 1990 la estudiante catamarqueña María Soledad Morales fue asesinada.

El femicidio fue atribuido a los denominados “hijos del poder”: Luis Tula, su novio fue condenado a 9 años de prisión y Guillermo Luque, hijo del entonces diputado Ángel Luque, a una pena de 21.

Los padres de Soledad estuvieron siempre acompañados no sólo por la ciudad de San Fernando del Valle sino también por todo el país que era testigo de un nuevo modo de manifestación: las marchas del silencio.