Cuando Bartolo Cabrera le dijo que había sido beneficiado en un plan de vivienda, Juan José Cornou comenzó a transformarse definitivamente en un cerrense más, en alguien dentro de la clase obrera que históricamente forjó a nuestra localidad.

Juan nos dejó físicamente en la última semana, dejando una huella de honestidad, sencillez, confianza y perseverancia en su familia y compañeros de trabajo.

“Entendió la vida como nadie. Gran hombre, laburador como pocos y que sabía disfrutar cada momento, cada oportunidad”, escribió una vecina en la intimidad de un dolor que aún se expande hacia quienes pudieron compartir un frigorífico, un coro, un charla o una obra de teatro con él.

“Siempre formará parte de nuestra historia, ya que él fue, es y será siempre uno de los Padres Fundadores de nuestra empresa”, expresaron sus camaradas de INCOB, el frígorífico recuperado por los trabajadores que aprendieron de Juan los que es luchar, creer y alcanzar el triunfo.

Juan supo estar allí, en ese predio, unos 40 años y estuvo al pie del cañón en esa lucha por y para sus compañeros, pensando más en el futuro de ellos que en su presente que ya lo invitaba a dar una vuelta de página después de mucho tiempo de cuchillos, faena, colectivos, bicicleta o dedo para estar puntualmente en su puesto.

A contracorriente, a diferencia de la mayoría, supo decir “No hay que ser desconfiado en la vida”. Y esa confianza que en el prójimo le permitió una vez recibir una carta “de puño y letra” de una persona que agradecía una colaboración económica de él que se cristalizó en una silla de ruedas para alguien que la necesitaba.

Hijos, nietos, bisnietos, vecinos, amigos, compañeros, la comunidad lo tendrán siempre presente en el camino que supo crear y desandar con absoluta honestidad.

Quedará en la memoria algún pan con azúcar en la madrugada, su voz en el coro, su sonrisa en el grupo teatral y el sonido del cuchillo contra la piedra como señal de que mañana empieza un nuevo día y debemos estar listos para enfrentarlo.