Por negarse a incorporarse al servicio militar e ir a la guerra que Estados Unidos desató en Vietnam, Muhammad Alí se quedó sin título mundial de box un día como hoy, pero de 1967.

Además la Comisión Atlética del estado de Nueva York le quitó su licencia de boxeador profesional.

“El verdadero enemigo de mi pueblo está aquí. No voy a deshonrar a mi religión, mi pueblo ni a mí mismo al convertirme en un instrumento para esclavizar a los que están luchando por su propia justicia, la libertad y la igualdad”, dijo en esa ocasión.

Y agregó: “Si creyera que la guerra va a llevar libertad e igualdad a 22 millones de mi pueblo, no tendrían que reclutarme, yo me uniría mañana. No tengo nada qué perder por defender mis creencias. Así que voy a ir a la cárcel, ¿y qué? Hemos estado en la cárcel desde hace 400 años”.

Así lo recuerda el querido Eduardo Galeano en Memoria del Fuego III:

Lo llamaron Cassius Clay: se llama Muhammad Alí, por nombre elegido.Lo hicieron cristiano: se hace musulmán, por elegida fe.

Lo obligaron a defenderse: pega como nadie, feroz y veloz, tanque liviano, demoledora pluma, indestructible dueño de la corona mundial.

Le dijeron que un buen boxeador deja la bronca en el ring: él dice que el verdadero ring es el otro, donde un negro triunfante pelea por los negros vencidos, por los que comen sobras en la cocina.

Le aconsejaron discreción: desde entonces grita. Le intervinieron el teléfono: desde entonces grita también por teléfono.

Le pusieron uniforme para enviarlo a la guerra de Vietnam: se saca el uniforme y grita que no va, porque no tiene nada contra los vietnamitas, que nada malo le han hecho a él ni a ningún otro negro norteamericano.

Le quitaron el título mundial, le prohibieron boxear, lo condenaron a cárcel y multa: gritando agradece estos elogios a su dignidad humana.