Una persona de nuestra localidad transita su segundo período de aislamiento, en poco más de un mes, al haber dado positivo de Covid.

Se trata de alguien que cumple funciones en un nosocomio de Bahía Blanca y, por ende, alguien en la primera línea de batalla en esta pandemia.

“Cuando semanas atrás tuvimos el alta familiar, jamás imaginé volver a tener un llamado de las autoridades sanitarias, ni siquiera para preguntar por mí y mis seres más queridos”, comentó a este medio al momento de confirmar la noticia.

Lamentablemente en las últimas horas se produjo esa comunicación, ocasión en que se le aseguró que es uno de los 725 pacientes activos de Covid 19 en el distrito.

Por cuestiones administrativas su situación está registrada en Bahía Blanca (lugar donde se efectuó el hisopado) y no en nuestra localidad, su lugar de residencia.

Con la entereza y frente alta, este agente de salud expresó que comenzó a perder el gusto, luego el olfato; siguió un malestar y el llamado pertinente para describir su situación en su ámbito laboral.

El aislamiento automático trajo consigo la preocupación por sus pares, que permanecen sin ir a trabajar, y particularmente el de una compañera que hoy por hoy está internada en el área de terapia intensiva.

Asimismo nos aclaró que su pareja, quien cuenta con el alta médica definitiva, está habilitada para egresar el domicilio y efectuar las tareas indispensables para estos días (compra de alimentos y elementos de higiene, básicamente).

Cuando se habla de colapso, no es exactamente una referencia numérica sino de recursos humanos, de hombres y mujeres que están desde el primer minuto brindando tiempo y salud por el prójimo.

Aquel aplauso diario y masivo de la comunidad, inició luego de un tiempo un proceso lento de metamorfosis hacia algo que no es la indiferencia, pero se le parece cuando se transita sin barbijo, cuando no se respeta la distancia social o no se eluden con cuidados y responsabilidad compromisos sociales, familiares y laborales.