El teatro era parte de su ADN. Sus padres, abuelos y bisabuelos vivían en las tablas.

“Mis padres hacían una obra. Yo no trabajaba porque era muy chiquita y cuando ellos estaban en escena yo miraba y miraba y ese día, con 4 años, yo estaba jugando al teatro, entonces vi que estaba el público y que no había nadie en el escenario y me dije:- que barbaridad – me acuerdo vivamente de ello – ¿Cómo es que no los están entreteniendo? Lo haré yo – Entonces salí y empecé a hacer monerías arrastrando un vestido de gitana que me quedaba grande y la gente comenzó a reírse. Pero fue como una broma y, además, no era fácil dedicarse al teatro porque había que tener permiso para actuar siendo menor”.

Las crónicas aseguran que a sus siete años, “la actuación ya era una profesión para ella, una profesión que le enseñaron debe profesarse como una religión y lo demás es postergado, como el juego o la escuela, a la que se asistía cuando se podía”.

Con perfil muy bajo, Ana María Campoy dejó su impronta también en el cine y en la televisión nacional.

A 15 años de su fallecimiento, recordamos a esta querida actriz: