Anibal Troilo, “Pichuco”, el bandoneón mayor de Buenos Aires, nos dejaba este día de 1975.

Es el responsable de muchos clásicos del tangoque perdurarán en el tiempo, en cada rincón de quienes aman la música ciudadana. 

“Mi padre tenía un amigo a quien llamaban Pichuco. Sobre mis primeras lágrimas de niño, con su dulzura de hombre, acaso feliz mi padre trató de calmarme: ‘Bueno,.. Pichuco… bueno’. Y me quedó para siempre”. 

Y para siempre quedará, por siempre será Pichuco.