El 7 de junio de 1987, en la etapa final del muro de Berlín, el multifacético David Bowie ofrecía un recital en la zona occidental de la capital germana.

Era un período donde el compromiso intelectual y artístico era fundamental para darle culminación a una etapa nefasta, que cobró muchos vidas, y tal vez al símbolo más representativo de la guerra fría.

El británico ofreció su concierto en un lado del muro, con una amplia convocatoria; en el otro, la policía de la comunista República Democrática detuvo a cientos de personas que lo único que hacían eran escuchar a un cantante único.