“Suntuosos lechos fueron sus campos de batalla en la primera guerra mundial. Altos jefes militares y políticos de mucho poder sucumbieron al encanto de sus armas, y le confiaron secretos que ella vendía a Francia, Alemania o a quien mejor le pagara”.

Así describía Eduardo Galeano a Mata Hari, la espía que quedó inmortalizada en diversas ramas del arte.

Este 13 de febrero se cumple 104 años de su arresto en Francia que culminó en su fusilamiento, meses más tarde.

Ella arrojó su último beso al pelotón que la eternizaría: ocho de los doce soldados erraron el tiro, asevera Galeano.