Algunos deportistas, tal vez no muchos, trascienden más allá de su propio ámbito profesional y logran una impronta cultural.

El caso emblemático es, sin dudas, el de Diego Maradona, o también el de Muhammad Alí.

En un imaginario quinteto debería estar Michael Jordan, el más grande jugador de básquet de todos los tiempos.

Más allá de sus títulos, su grandeza radica en el trabajo realizado conscientemente y en forma diaria para optimizar su juego y el de sus compañeros, dentro y fuera de la cancha.

Para quienes utilizan Netflix, recomendamos The Last Dance; para quieren entretenerse, googleara Space Jam.