-Abuela, salí un minuto a la vereda por favor.
-¿Qué pasó?
-Vos salí.

Y cuando la mirada de Edelma atravesó la puerta de su casa en el barrio de Cuatreros, su alma y corazón ya habían abrazado a su hijo Raúl que la aguardaba con una torta y una vela, que se asemejaba a un beso y a una flor, para festejar sus 81 años.

Con su sonrisa reemplazó cualquier palabra para agradecer el gesto y la entonación del cumpleaños feliz del grupo que dijo presente en la esquina de Gurruchaga y Alsina para saludarla y entregarle un diploma de honor.

Globos y más carteles acompañaron esta celebración que emocionó a esta vecina quien aseguró que no podrá dormir esta noche y asegurándose, una vez más para sí misma, que fue una gran decisión “y un placer” radicarse en General Cerri.

Luego su nieta Cintia le alcanzó el saludo de alguien más a través de una videollamada, situación que jamás hubiera imaginado Edelma en los 28 años que vivió en Villa Iris, localidad que la recibió el lunes 7 de agosto de 1939.

El día de San Cayetano, santo del trabajo, que la bendijo en estos lares con la oportunidad de trabajar en la CAP, desde mediados de los 70 hasta el cierre de esta planta ícono en la región, a principios de la década del 90.

Aquí vive definitivamente desde hace dos años, con la nostalgia por su compañero de vida, pero con el amor latente de su otro hijo, Rubén, de sus nueve nietos y un bisnieto.

La vida es bella, más si es en General Cerri, y con esta oportunidad de festejar a una mujer sencilla con la simpleza del momento.