¿Por qué consideramos que hay mal tiempo cada vez que llueve? ¿Por qué no darle un lugar preferencial a cada gota para que con su sonido y caricia permitan decorar un festejo con otros colores?

¿No fue esto último lo que habrá sentido en la tarde del sábado Raquel Zulma Menghini al momento de abrir la puerta de su casa y percibir la presencia del grupo que celebra y acompaña a los abuelos y abuelas de Cerri en este período de aislamiento?

-Bisabuela- corrige Zulma, orgullosa de tener en brazos a Francesca, una de las cerrenses que llegó a este mundo en plena pandemia sin entender de fases ni de barbijos y alcohol en gel, entre otras cosas.

La guitarra deja la vereda para ingresar al quincho. Es entonces cuando Jorge, su compañero de toda vida, la abraza con una sonrisa silenciosa y Verónica, su hija, se acerca a ella con la clásica torta que tiene en el centro una vela rosa ya encendida.

Sin decir nada, cerrando los ojos, Zulma inicia sus tres deseos. Sus seres más queridos saben que uno de ellos está dedicado a Gonzalo, su hijo que está radicado desde hace muchos años en Capital Federal.

Tal vez (o también) debe pensar en su hermana Graciela que vive en Carmen de Patagones y/o en Antonio, su papá, un ícono de nuestra localidad (el centro de salud lleva su nombre).

En Belgrano y Deán Funes entonan el cumpleaños feliz junto a Eduardo Pastor sus nietos Sebastián, Tomás, y Alanís; lo mismo hace Emma desde Buenos Aires; Nahuel, Juliana y Sabrina completan el abrazo virtual.

Son ellos quienes conforman el círculo más íntimo de esta mujer sumamente extrovertida, alegre y cien por cien cerrense desde aquel domingo 25 de septiembre de 1949.