Se terminó un nuevo mes, el décimo de un año muy particular, en el cual nuestros adultos mayores deben festejar su cumpleaños en aislamiento, sin el abrazo o encuentro tradicional para celebrar un año más de vida.

En octubre, el epicentro de agasajo fue el boulevard 25 de Mayo y tal vez el más emotivo fue el del día 19, cuando la gente se acercó a saludar a Carlitos Iñiguez por sus 83 vueltas al sol.

Este vecino es un ícono de nuestra Lanera Argentina, prácticamente fue el último en dejar de trabajar en esa empresa insignia de nuestra localidad tras 38 años de labor, para el orgullo de su hijo Carlos, de sus hermanos, nietos, como así de su compañera de toda la vida, más allá que la libreta de casamiento indique que contrajeron enlace en 1962.

Si bien el DNI indica que Carlitos nació en Bahía Blanca, todos sabemos que es cien por cien cerrense, por su esfuerzo en la escuela 10 y por su dedicación y esmero al trabajo, tanto como repartidor de carne, como boletero de la extinta empresa González que operó hasta principio de este milenio.

No menor fue el reconocimiento a Eva Sosa, quien en el Día de la Madre, recibió a sus 70 primaveras, a pocos metros de la casa de Carlitos.

Quienes la conocen profundamente asegura que la resiliencia se ejemplifica en esta mujer, quien supo con su fe y su amor por Dios reconstruirse, “juntando los pedazos rotos de su vida para continuar con la frente bien en alto”.

Fuerte, valiosa, humilde, afectuosa y divertida. Si queda algún calificativo más, lo sabrá quienes se emocionaron aquel domingo y que hoy la continúan homenajeando y seguirán su camino.

Y si de mujeres sorprendidas se trata, la simple celebración por sus bodas de oro en este mundo de Sandra Flores, tampoco pasó desapercibida.

Con una torta imperdible, elaborada por una vecina y que no llegó al cien por cien a raíz de un comensal que no pude resistir la tentación, Sandra sonrió y renovó sus tres deseos el martes 20.

Ese mismo día Miriam Meneses, integrante del grupo que organiza estos eventos, también cumplía años y fue sorprendida por la guitarra de Eduardo Pastor y el resto de sus compañeras de tareas.

“Yo me quedo bailando en la vereda”, cantó alguna vez Raúl Porchetto y sin dudarlo, ni pensarlo, la docente cantó y mostró sus dotes de bailarina a pasitos del Paseo de la Juventud.

Y el sábado 24 la sorprendida fue Cecilia Pecci, quien es la señora de las cuatro décadas y un poco más, parafraseando la clásica canción de Arjona.

Ceci es una de las impulsoras de este modo de acompañar a quienes deben festejar de uno modo no convencional y quien amablemente atiende al público de Anses, mientras sus hijos pintan, juegan y piensan en su papá, en la vida…y en Sansinena.