Aquellos cerrenses que circundan entre las canas y la calvicie incipiente, tendrán en el recuerdo dulce de la infancia la sonrisa y las golosinas, especialmente caramelos, de Vicente Juan Cano.

También se preguntarán quién es Vicente y, luego de ese segundo prolongado como e de Maradona, automáticamente saldrá la respuesta: “Vicente es Kito. Claaaro. Kito Cano, por supuesto”.

Kito cumplió y festejó con los más cercanos, vecinos y la gente que homenajea a los vecinos ilustres, sus primeros 84 años.

Justo un viernes, el mismo día de la semana que lo vio por primera vez en este mundo aquel 11 de septiembre de 1936 cuando Cerri aún se llamaba Cuatreros.

Y cuando Cuatreros, una década después, se convirtió en Cerri, él dejó de incursionar las aulas de la escuela 14 para repartir carne en bicicleta, convirtiéndose con 10 años en antecedente y piedra fundamental de los actuales deliverys.

Ya a los 18 su vocación y legado de productos cárneos, lo llevó a desempeñarse en la CAP, lugar donde permaneció por casi medio siglo, hasta su retiro voluntarios hace unos 30 años.

Resulta imposible, además, no asociarlo a Kito con el Soulas, club que refundó en 1959 y presidió hasta 2013, con la anuencia de Clelia Britos (Keka), con quien lleva 60 años de matrimonio, y el amor incondicional de sus hijos Dardo y Carina así como el de sus nietos Joaquín y Octavio.

Por más que haya celebrado con bastón en mano, lo veremos nuevamente, cuando pase la pandemia, en su bicicleta recorriendo las calles del pueblo, colaborando con distintas entidades.

Y si no saluda entregando caramelos, lo hará con su clásico “Eeeeep” o bien con su índice firme al pecho del saludado, ese simple gesto que funciona de metáfora en la vida que supo llevar adelante y que sigue disfrutando.