Hace 199 años el pueblo salteño sepultaba a Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha, con un Cuerpo de Infernales que implementó una táctica de guerrilla que impidió el avance de las tropas realistas en los primeros tiempos de la patria.

“La partida realista le dio el ¡quién vive!, y al responderle Güemes: ¡la patria! le hicieron fuego”, dicen las crónicas.

Una de las descargas producidas el 7 de junio de 1821 fue efectiva y don Martín murió 10 días después en el campamento del Chamical.

“Acabó para siempre un gran facineroso”; “Murió el abominable Güemes”; Ya tenemos un cacique menos”, fueron algunos de los títulos que los historiadores recogen de la prensa de la época.

“Si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas”, le escribió a Manuel Belgrano.

Y así sucedió.