La semana no empezó siendo la ideal para nuestra localidad, porque el último lunes dejó este mundo Julio César Alvarez Paolella, un hijo de este pueblo que dejó su huella en el periodismo patagónico.

La noticia también enlutó a diversos medios de comunicación de Río Negro, especialmente de Viedma y El Bolsón.

De hecho el sitio El Tendal no dudó en calificar al cerrense como “dueño de una cultura general envidiable” y que supo desandar “una notable adaptación tanto a las cuestiones de actualidad como culturales, sociales y, fundamentalmente, deportivas”.

Alvarez Paolella apenas tenía 59 años y su deceso, que también consternó a otros periodistas nacidos en estos lares, además de familiares y amigos de Cerri, se produjo a causa de una enfermedad oncológica.

El pibe, el Vaca”

Julio es uno de los tantos “cerrícolas”. Es decir aquellos que nacieron en un nosocomio bahiense, pero antes transitaron el pueblo dentro del vientre materno y luego en los brazos de sus padres: Héctor Álvarez y Gladys Paolella.

Este matrimonio le dio dos hermanos: Marcelo y Ana, con quienes idearon travesuras y juegos en la calle Brown, regando de dulce infancia al barrio Los Santos.

Julio fue uno de los primeros alumnos que tuvo el Jardín de Infantes 906, institución que nació apenas tres años después que él. También supo recorrer las aulas de la escuela 14, pero ya el secundario lo encontró en Bahía Blanca, en el colegio Espora.

Quienes jugaron con él en Sansinena, en la categoría 61, lo conocieron como “El Vaca”, un arquero que dejó su puesto para desplegar todo su talento con la tinta, con las palabras, con la información y la poesía.

También supo animar con su guitarra, con su voz, encuentros y misas en la parroquia San Miguel Arcangel.

De policía a periodista”

Borges escribió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. El destino, la vocación, el talento, hizo que Julio en un momento dejará la fuerza policial para ejercer el periodismo.

Y encontró en el sur argentino, su norte. Allí, en territorio patagónico, sembró un perfil que tuvo como fruto el reconocimiento del público y de pares, algo que no siempre sucede, y que Julio lo cultivó a lo largo de más de tres décadas.

Fue voz en diversas radios rionegrinas, corresponsal nacional y un permanente colaborador con la tradicional Fiesta del Lúpulo que caracteriza a El Bolsón.

Un referente al momento de hablar de regatas y automovilismo, así como de acompañar a quienes reflejaban sus convicciones políticas.

El amigo”

Acá lo llora gente como Tito Bilbao o el Negro Madame, entre tantos que supieron compartir un momento con él.

Alguna amiga de su familia, lo describió como un ser que tenía una luz única para transcribir sentimientos, momentos y amor.

Esta historia merecía ser recordada para que Julio no habite el olvido, para acompañar a quienes empiezan a continuar un camino sin su presencia física, pero con el orgullo de haber compartido esta vida con él.