El Covid se llevó en las últimas horas al sociólogo, docente, ensayista, profesor, ensayista y militante Horacio González.

“Un hombre de lealtades blindadas que sin escaparle al disenso vivió en estado de interrogación y diálogo, apostó al lenguaje para desafiar sentidos clausurados y generó una de las etapas más luminosas de la Biblioteca Nacional a partir de una gestión que alojó debates inflamados, validó en sentido integral la producción de músicos como Spinetta o el “Indio” Solari y salió al rescate de textos olvidados por las dinámicas expulsivas de la industria editorial”, lo recuerda Telam.

Supo discutir con otros intelectuales como Beatriz Sarlo, Horacio Tarcus y varios de sus compañeros de Carta Abierta -la agrupación a la que amenazó dejar de pertenecer en más de una ocasión-.

“González solía esquivar la corrección política reservada a quienes ejercen la función pública, como cuando en 2015 decidió liderar una campaña para evitar que el escritor peruano español Mario Vargas Llosa participe como orador principal de la apertura de la la 37ª edición de la Feria del Libro de Buenos Aires y proponía a cambio su reemplazo por un escritor argentino”.