En este feriado nacional, que nos invita a pensar en la diversidad cultural, queremos también pensar en aquellos que sueñan con un mundo mejor y lo hacen no sólo con el deseo sino también poniendo el alma y corazón día a día,

José Igancio es un joven de nuestra localidad que hace más de tres años reside en la Capital Federal, el primer punto importante de guerra contra el Covid 19.

Representando siempre a su querido Cerri, transita jornada tras jornada esta lucha contra el coronavirus como personal residente del Sanatorio Güemes, siendo su especialidad la cirugía y urología.

Los días en la capital los transita con su compañera Natalia, enfermera y estudiante de kinesiología, con quien planea en algún momento, regresar para estos lares.

Además nos cuenta de un proyecto, que de concretarse beneficiaría a toda su población, y trata de un policonsultorio de múltiples especialidades, algo que José cree necesario considerando la cantidad de habitantes en General Daniel Cerri y para promover cierta independización de Bahía Blanca.

Claro, no todo es proyecciones a futuro, también nos cuenta lo que viven y padecen como profesionales de la salud día tras día.

“Es complejo” comienza describiendo la vida en medio de una pandemia mundial “desde siempre en capital se vive con mucha intensidad, pero hace seis meses se volvió  un estilo de vida es muy estresante”.

El relato continúa detallando los límites alcanzados por el sistema sanitario, tan repetidos en los medios pero en esta nota hechos piel en un joven cerrense.

“El colapso no es sólo del sistema en cuanto a infraestructura, sino que hay un agobio mental en el personal. Hemos perdido colegas, no me tocó a mi, pero mis compañeros han sufrido discriminación, e incluso amenazas”.

“Todo eso sin contar que hace meses no vemos a nuestras familias. Hay días en los estamos bien y con energías, pero hay otros en los que, lo demandante de la situación, nos lleva a estar más decaídos y ahí es cuando nos apoyamos entre nosotros”.

Era imposible que José no haga referencia a la poca empatía de algunas personas que después de meses de aislamiento aún no entiendan las medidas de prevención: “uno tiene que estar al 100% para el paciente. Y a veces, uno va por la calle mirando, o prende la televisión y se ve gente amontonada o en una juntada en espacios cerrados, fiestas clandestinas y eso genera mucha bronca. Porque en el día a día ves que perdiste compañeros o a las familias de los pacientes muy asustados”.

“Y no me refiero a que la gente no salga, pero si se busca que al menos lo haga al aire libre, con ciertos cuidados. Hay que apelar a la responsabilidad social”.

En él, en sus palabras, un nuevo pedido nuestro, como vecino, de solidaridad y de llevar a la práctica a la empatía, para que no quede como palabra suelta en una red social.