El 3 de noviembre de 1985, día de elecciones en nuestro país y de intensa precipitación en estos lares, Diego Armando Maradona convertía tal vez el mejor gol de su carrera (sin contar lógicamente la corrida memorable de todos los tiempos frente a Inglaterra en el mundial de Méjico).

En aquella mañana lluviosa cerrense y napolitana, Diego demostró un gesto técnico que nunca más pudo repetir algún jugador profesional de alto rendimiento.

La barrera cerca, los amagos, y el leve toque de Eraldo Pecci, precedieron a esto gol de antología que hoy cumple 35 años.

El partido, el resultado, la victoria de aquel domingo fue determinante para que meses después el Nápoli obtuviera el primer Scudetto de su historia.