Lejos de las luces que encandilan y cerca del fuego de la humildad, Matías Guenemil abraza día a día el sueño de seguir creciendo en el boxeo y llevar el nombre de General Cerri a cada cuadrilatero argentino.

El hombre de Cuatreros, quien aguarda una nueva oportunidad (¿será dentro de un mes?), continúa bifurcando el sendero de la profesionalidad.

Por un lado, entiende donde está el norte, cuáles son los pasos a seguir, qué se debe hacer para estar a la altura de las circunstancias, ante cada rival.

Por el otro, está el emprendedor, el pibe que ejerce una docencia, que tiene el don de enseñar y explicar las bondades físicas y mentales que conlleva el box a quienes lo practican.

Chicas y chicos, niños, jóvenes y adultos se han sumado en los últimos meses a esta disciplina que, junto a su amigo Maxi Cuello, predica en el templo de los guantes llamado “Puños Cerrenses”.

Esos puños que con sacrificio y prácticamente en silencio subieron una noche a un ring, sitio que se convirtió en el lugar preferencial de “El Carnicero”.

“El box es disciplina, es mí trabajo, mi modo de demostrarme en esta vida. Por eso entreno a full, al 100 por 100, sin dejar nada librado al azar, porque en cada respiro, en cada pensamiento, está el boxeo”, asegura Mati.

Y luego parte, con su bolso, vendas y guantes, a perfeccionarse con otros púgiles soñadores.

Y luego regresa al pueblo, para compartir sus sueños con quienes llegan al gimnasio instalado en la peña El Fortín con bolsos, vendas y guantes.

Y como alguna vez se leyó, la vida y el box tienen algo en común: no pierde el que cae sino aquel que no se levante.

Matías lo sabe. Matías lo entiende. Matías lo comparte. Matías, un orgullo cerrense.